Gas importado ¿Otra vez la imprevisión?

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Reservas de gas bolivianas

¿Otra vez la imprevisión?

En los últimos años, la Argentina ha pasado a depender del gas importado. Éste llega a nuestras costas licuefaccionado y es regasificado en los puertos de Escobar y Bahía Blanca y más recientemente, a través de un gasoducto desde Chile, que ha revertido el sentido del flujo que en otra época sirvió para alimentar las centrales eléctricas del norte minero.

También llega gas desde Bolivia y la Argentina lo adquiere a través de un contrato por 30 años, que fuera celebrado en 1997.

Pero este año, se planteó un diferendo entre las autoridades gasíferas de ambos países, cuando el Ministro de Energía y Minería Juan José Aranguren, manifestó que Bolivia no tiene gas suficiente para suministrarle a la Argentina.

Para respaldar sus declaraciones, el presidente de Enarsa, Hugo Balboa, y el director José María Zuliani, indicaron que no quedaba otra salida que llevar gas desde Chile porque “Bolivia no está en condiciones técnicas de aumentar sus envíos y que, sobre un máximo programado de 19,9 de Mmm3/d, sólo podrá despachar 16 a partir de junio.”

La respuesta del ministro de Hidrocarburos y Energía de Bolivia, Luis Alberto Sánchez, no se hizo esperar: negó que su país incumpla con los volúmenes y aseguró que en el contrato se estableció un promedio anual de envíos de entre 18 y 19 millones de metros cúbicos diarios, aunque admitió que se han estado enviando entre 14 y 15 millones.

Una adenda al contrato estableció que en el periodo 2016-2017 se suministraría un volumen mínimo de 19,9 MMm3/d y un máximo de 23,4 Mmm3/d. Para despejar presiones internas, el Ministerio de Energía y Minería de la Argentina publica una actualización permanente de los volúmenes importados desde Bolivia.

Quizás se trate de una cuestión de interpretación del contrato o de la oportunidad de inyección de dichos volúmenes, aunque es muy probable es que se trate más bien, de un intento del hermano país de obtener un precio mejor por su recurso, habida cuenta que los desembolsos que efectúa la Argentina por el gas proveniente de Chile y de los puertos locales, son muy superiores.

Lo cierto es que el precio pagado por millón de BTU importado desde Chile es de us$ 6,90 por MMBTU, mientras que Bolivia recibe tan sólo 3,10 dólares por la misma cantidad de unidades térmicas.

Mirando al futuro

Independientemente del diferendo planteado, la Argentina demuestra su interés en la continuidad de la importación boliviana o al menos esto puede inferirse, habida cuenta de que ha decidido continuar con la construcción del Gasoducto del NEA que eventualmente le permitiría a Bolivia inyectar hasta 27 MMm3/d. También es cierto que se calcula que el norte argentino posee recursos convencionales de cierta relevancia, pero ese es un tema en debate.

Si la Argentina planea continuar importando la cuestión que se plantea de inmediato es ¿tiene Bolivia reservas suficientes para afrontar ese compromiso?

Recientemente se encendieron luces de alerta respecto de las reservas probadas en el vecino país, en el marco de una enorme inversión proyectada en Bulo-Bulo, cerca de Santa Cruz de la Sierra. Se trata de  dos platas industriales, una de Urea y otra de Amoníaco y de un complejo de propileno y polipropileno, que se construiría más al sur, en Yacuiba, con una inversión cercana a los us$ 1.800 millones y que demandará un consumo gasífero relevante.

Es posible que la demanda gasífera de esas plantas pueda ser fácilmente atendida por la producción local, pero si se suman todos los compromisos ¿estará disponible el recurso?

Actualmente Bolivia exporta a Brasil unos 31,6 MMm3/d más 2,5 MMm3/d destinados a la termoeléctrica de Cuiabá; exporta a la Argentina –teóricamente–  entre 14 y 19 Mmm3/d, a lo que debe adicionarse la demanda del mercado interno boliviano que ronda los 13 MMm3/d. Las suma –grosso modo– da un mínimo de 63 Mmm3/d. A esto debería agregarse la demanda futura de las plantas mencionadas.

Al respecto, el ministro Sánchez dijo que Bolivia cuenta con un Plan Inmediato de Exploración con 63 nuevas áreas para aumentar las reservas hidrocarburíferas y llevarlas en 2020 a 17 TCF, unos 480 billones de metros cúbicos.

El ministro anunció también que el campo Margarita incrementó su producción a 20 MMm3/d de gas y que se firmarán acuerdos entre Repsol y YPFB para desarrollar los prospectos Boyui de casi 4 TCF y al norte Boycobo, con estimaciones de 2 TCF. También se prevén acuerdos con la petrolera Total para la segunda fase de Incahuasi que inyecten otros 6,7 MMm3/d de gas, además de otros.

¿Y el gas?

Sólo se habla de producción. Sin embargo, las últimas reservas gasíferas probadas de Bolivia, datan del 31 de diciembre de 2013 y son las últimas disponibles. En aquella oportunidad las probadas alcanzaron los 10,45 TCF, las probables a 3,50 TCF y las posibles a 4.15 TCF, de acuerdo con la certificación de la empresa canadiense GLJ Petroleum Consultants.

Entonces si desde 2013 no se conocen nuevos descubrimientos, podría deducirse que hoy probablemente esas reservas no alcancen los 8 TCFs si tenemos en cuenta que pudieron haberse extraído a un ritmo constante de  1 TCF por año (alrededor de 70 Mmm3/d).

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El presidente ejecutivo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Guillermo Achá, señaló que las reservas de gas natural se estiman en aproximadamente 11 trillones de pies cúbicos (TCFs) alcanzan para 15 años de consumo “si no hacemos ningún otro descubrimiento”. Aunque las mismas no han sido certificadas.

Según el analista Hugo Del Granado, la información no es correcta, ya que el consumo anual de gas en el mercado interno más el de exportación llegan a superar los 1.4 TCFs. Cabe señalar que para garantizar el contrato de exportación de gas al Brasil, son necesarias como mínimo 7,3 TCFs. Las cifras podrían ser fuente de preocupación para las autoridades argentinas, si es que planean –como  parece– continuar con la importación del país norteño.

¿Podrá mantener Bolivia las obligaciones contraídas? ¿Podría encontrarse en una disyuntiva similar a la de los productores argentinos, es decir con un precio bajo que no permite recomponer el stock de reservas?

Reposición

Según Achá, en el segundo semestre de 2017 se certificarán las reservas de gas natural existentes en el país y con ese objetivo, la empresa desplegó una estrategia nacional de exploración que comenzó a mostrar resultados con los recientes descubrimientos que se oficializaron en los departamentos de Santa Cruz y Chuquisaca.

Para mostrar resultados concretos, adelantó también algunas decisiones. “Hoy hacer una certificación de reservas sin tomar en cuenta los nuevos descubrimientos sería sesgar todo lo que es tiene como potencial hidrocarburífero Bolivia”, afirmó.

El Gobierno viene promoviendo una alianza con las compañías petroleras que operan en el país, Gazprom de Rusia, y Total Fina de Francia, para asegurar no sólo el incremento de la producción diaria de gas natural, sino el aumento de las reservas.

Así como Argentina ha perdido el autoabastecimiento, el acuerdo de compraventa de gas natural entre Argentina y Chile ha dejado en claro que Bolivia dejó de tener la hegemonía gasífera en la región y que la oferta gasífera de la Argentina necesita diversificarse.

Ordem e Progresso

Desde la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, Brasil se decidió por la seguridad en el abastecimiento y redujo la dependencia del gas boliviano del 70% al 30%. Para cumplir con su demanda interna  importa Gas Natural Licuado (GNL) de los Estados Unidos. Su capacidad de regasificación llega a los 40 Mmm3/d.

El contrato de compraventa de gas natural que rige entre Bolivia y Brasil finaliza en 2019, por lo que ambos países analizan los términos de su ampliación. Expertos coinciden en que Bolivia renegociará en condiciones menos ventajosas que hace dos décadas porque Petrobrás ha cedido a los usuarios privados la facultad de negociar sus propios contratos.

Al respecto cabe mencionar que en junio pasado, la Confederación Nacional de la Industria de Brasil y la Asociación Brasileña de Grandes Consumidores de Energía sugirieron al Ministerio de Minas y Energía que realice un estudio sobre las condiciones reales de las reservas de gas natural de Bolivia, con miras a una nueva negociación.

 

 

 

 

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