Tecnología china, la más apropiada

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La decisión de que la quinta central nuclear de potencia que se instalará en Río Negro sea de origen chino, del tipo Hualong Uno / HPR1000, con una vida útil de 60 años, se adoptó “luego de un exhaustivo análisis” –que tomó varios años– de las tecnologías disponibles, justificó un informe difundido por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).  “La evaluación de las condiciones técnicas, económicas y financieras -justifica el documento- dieron por resultado que la tecnología china sea considerada la más apropiada”.

Según el análisis, “la quinta central será de última generación, con sistemas de seguridad que combinan los diseños clásicos con sistemas del tipo pasivo, que son los más avanzados actualmente, y que frente a un eventual accidente pueden mantener a la central en estado seguro en forma indefinida sin la necesidad de energía eléctrica”.

“Los diseños de centrales nucleares chinas figuran entre los más modernos de la actualidad y están basados en tecnología occidental, en particular de Francia y Estados Unidos, a los que se les han agregado mejoras aprovechando las nuevas tecnologías disponibles en el siglo XXI”, sostiene la CNEA.

Añade que China “es el líder actual en tecnología nuclear y el país que más centrales ha construido en la última década, además de ser el que mayor número de centrales tiene planeadas”.

El documento informa que hoy operan en China 37 centrales nucleares y para 2030 operarán 110, mientras en la actualidad el país oriental está construyendo 20 plantas y en los próximos 12 años tiene previsto construir más de 70.

Por otra parte, se afirma que “China ha demostrado su capacidad como constructor de centrales nucleares de última generación, terminando los proyectos dentro del plazo y los costos previstos”.

En cuanto al impacto ambiental de una central nuclear, la CNEA lo califica como “extremadamente bajo, como lo muestra la experiencia operativa de más de cuarenta años en los sitios de Atucha y Embalse”.

“El material radioactivo vinculado a la nueva central, agrega el informe, estará contenido, estableciéndose múltiples barreras para la protección del medio ambiente”.

En operación normal, continúa el documento de la Comisión, el impacto de la radiación en el público (medido en dosis, cuya unidad es el Sievert – Sv) es como máximo de 250 microSv por año.

Esto es, “diez veces menor que la dosis anual natural de radiación que recibimos todos, ya que la tierra es radioactiva, la comida tiene radiación y hasta las personas emitimos radiación”.

Del mismo modo, es “más de diez veces menor que la dosis que se recibe con una mamografía” y “veinte veces menor que la dosis típica recibida por una tomografía computada: una tomografía equivale a la dosis máxima que recibiría el poblador más cercano a una central nuclear durante veinte años”.

La radiación de la quinta central, además, “es parecida a la dosis anual que recibe un viajero frecuente de avión y mucho más baja que la dosis que reciben las tripulaciones aéreas”.

Por otra parte, la CNEA destaca que en la quinta central “se prevé espacio para el almacenamiento de todos los combustibles gastados que se utilicen en el reactor durante la vida útil de la planta”, como ya se hace en Atucha I y II y en Embalse.
“Inicialmente los combustibles se almacenan en piletas y una vez que se enfrían pueden ser almacenados en contenedores especiales en espacios abiertos”, detalla el informe oficial.

La Comisión aclara por último que “dada la gran densidad energética del uranio, la cantidad de los combustibles gastados que se generan en la industria nuclear es muy limitada”.

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