El desafío 2018 será subsistir sin subsidios

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En casi todas las esferas empresariales provocó gran alivio el cambio económico propuesto por el Gobierno desde diciembre de 2015, y el sector energético es el que más lo agradece.

  Por Santiago Spaltro

Incluso quienes disienten con la administración de Cambiemos reconocen que las políticas energéticas son las adecuadas para alentar la inversión privada.

El fin del Plan Gas (excepto para los incluidos en la Res 3/2013 y 46/2017), la promesa de eliminación del barril criollo en un contexto extendido de bajos precios internacionales y la aceleración de la baja de los subsidios son los desafíos que propone el Gobierno para el sector, en un 2018 en el que tendrá que avanzar fuerte en la reducción del déficit fiscal, -1 punto porcentual y algo más, si se tiene en cuenta que el año que viene no se contarán los ingresos del blanqueo-. La duda está: ¿podrán las empresas salir adelante en un entorno macro más estable y con el fantasma del regreso al poder de Cristina Fernández de Kirchner casi despejado?

Aunque ningún ejecutivo lo va a admitir en público, el empate técnico en la elección primaria de la provincia de Buenos Aires entre Cambiemos y Unidad Ciudadana fue un mensaje claro para los administradores de todas las compañías, que deben decidir cuándo poner en marcha una inversión para sacarle el mejor provecho posible: la inestabilidad que caracterizó este país durante varias décadas está atenuada y hay un panorama claro para los próximos 4/6 años, en los que Argentina deberá, por lo menos, volver al autoabastecimiento energético.

Aun cuando el ministro Juan José Aranguren prefiera hablar de seguridad energética, un concepto bien distinto.

Dos de los hombres que asesoran al ministro plantea que “ahora sí” se puede empezar a pensar en el largo plazo. Los presupuestos y las decisiones estratégicas que tomen las empresas en los meses venideros darán cuenta si el mensaje de la sociedad encuentra en la misma sintonía a las firmas. Nadie prevé hoy un petróleo crudo por encima de los US$ 65 o 70 por barril en los próximos 18 meses, por lo que los resultados del año que viene plantearán en forma cierta cómo están posicionadas las compañías para competir en un contexto ya liberado de las distorsiones de los últimos 15 años.
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Según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), en los primeros siete meses de 2017 el Estado nacional destinó $ 61.350 millones en subsidios para el sector energético, casi un 24% menos que en igual período del año anterior ($ 80.598 millones). Es una baja real cercana al 40% si se tiene en cuenta una inflación de 21-22% en los últimos doce meses.

El Plan Gas es un ítem sobre el cual Arangure no se expresó públicamente, incluso alguno de sus altos funcionarios no tenían conocimiento de su continuidad en 2018, acumuló una ejecución de $ 17.682 millones y ayudó solamente a mantener estable la producción en lo que va del año, con un retroceso apenas pronunciado en el segundo trimestre.

De los $ 105.291 millones registrados en transferencias para gastos corrientes del Estado desde que comenzó el año, el 58% fue a parar al sector energético y el 17% solamente al Plan Gas.

De acuerdo a la información suministrada por el Ministerio de Hacienda, los subsidios económicos llegaron hasta los $ 112.281 millones en los primeros siete meses del corriente año.

Esto es un 8,6% de los 1,3 billones que forman parte del gasto primario estatal.

Con un creciente déficit y el 69% del gasto primario que se destina a jubilaciones y pensiones, asignaciones familiares, programas sociales y salarios públicos, los únicos lugares donde el ministro Nicolás Dujovne podrá aplicar la tijera en 2018/9 es en los subsidios y en la obra pública, en donde después de un boom de actividad por el año electoral para hacer levantar la economía, el Estado le cederá su lugar al sector privado.

Una lectura fácil es que si aún con un 796% más de recursos que los destinados en enero-julio de 2016 la extracción de gas no creció considerablemente, y si el barril criollo no ayudó a revertir una caída que ya lleva casi 20 años en la producción de crudo (desde aquel récord en 1998, cuando empezaba a andar Repsol), el Estado no le puede soltar la mano a las empresas, y el capitalismo simple y llano es a’un un peligro para muchos.

Invento  argentino

El barril criollo, originalmente pensado para sostener la actividad y el empleo en las cuencas petroleras con precios bajos y costos altos, llegó para equiparar los largos años en los que el precio local se fijó por debajo del vigente a nivel internacional para promover el consumo de otros bienes y servicios. Dos enfermedades y dos remedios que no hicieron más que empeorarlas.

Con una caída de alrededor de 8% en la producción de petróleo en lo que va del año, Argentina se encamina a retroceder en 2017 a las cifras de 1979/81. Visto con el vaso medio lleno: hacia adelante, solamente queda mejorar.

Segunda lectura: con un barril local ya cercano a los precios internacionales y con el final inminente de esta política, ponerle “varias bombillas al mismo mate” (como suele llamar el ex secretario de Energía Daniel Montamat a los pozos maduros) dejó de ser negocio hace rato.

El consultor Daniel Gerold desestima las críticas que trajeron los últimos resultados y dice que, en lugar de eliminar el barril criollo, se debe mantener una política que incentive la producción en este entorno.

En el horizonte, quedan cuatro años en los que el gas se pagará al menos al doble de su precio en el mercado mundial, en torno a los US$ 3 por millón de BTU, sin que aún se haya explicado sobre qué base los consumidores abonaremos US$ 7,50 el millón de la británica unidad térmica.

La intención es que los yacimientos no convencionales neuquinos sean tan atractivos como los de Estados Unidos con costos que irán en descenso pero que nadie quiere ni puede pisar.

Infraestructura

Aunque muy loables sean las intenciones, el tren desde el puerto de Bahía Blanca a Añelo (o por qué no, a la localidad mendocina de Pata Mora, para que llegue a la minera Potasio Río Colorado) no llegará en poco tiempo. Restan meses de negociación con privados, que pueden construir el ramal vía Participación Público-Privada (PPP); horas de debate con intendentes bonaerenses, pampeanos y rionegrinos para convencerlos de la viabilidad del proyecto; e intensas charlas con los sindicatos, que deberán colaborar para que Argentina se vuelva a poblar de vías férreas.

Según fuentes de la provincia de Neuquén, siguen “demorados” los arreglos a la ruta 7, que conecta la capital local con Añelo -la localidad más cercana a Vaca Muerta-. Es un nuevo dolor de cabeza en el día a día de la operación de las empresas. La ampliación y repavimentación obliga a andar por cautela ese camino desértico que promete mejorar la accesibilidad a los yacimientos y ganar en eficiencia.

A caballo regalado…

La adenda al convenio laboral para los petroleros de base y jerárquicos de la región desapareció progresivamente de la agenda periodística. Sin embargo, gente cercana al gobernador Omar Gutiérrez cuenta que empresas y gremios aún no se pueden poner de acuerdo en su aplicación, principalmente en lo referido a la cantidad de operarios por dotación y las horas taxi, el ítem sobre el que se trabajó para reducir los llamados “tiempos muertos”.Con tal combo, son totalmente entendibles las dudas que aún hoy tienen quienes toman la decisión de invertir o esperar.  El costo de perforación de un pozo no convencional sigue por arriba de los US$ 7 millones e importar combustibles ahorra dolores de cabeza. Pero la solución es letal a futuro.

Fuera de la estrella neuquina, todo dependerá de los acuerdos que se logren con gremios y provincias. Según consta en el informe Nº 103 al Congreso del jefe de Gabinete, Marcos Peña, YPF invertirá en los próximos tres años menos de US$ 2000 millones en la Cuenca del Golfo San Jorge, donde hace cuatro meses se firmó un convenio productivo. La crisis, evidente desde 2015, solo tenderá a empeorar desde principios de 2019, cuando se termine la vigencia del acuerdo –excepto que el Dios con el que parecemos contar siempre los argentinos nos bañe otra vez con precios del crudo por encima de los US$ 90 por barril-.

En Santa Cruz, la petrolera estatal logró que el gobierno de Alicia Kirchner resigne regalías para que la rueda del empleo siga girando un rato más y no tener mayores complicaciones en la gestión.

En los próximos días se firmaría otro convenio para al menos activar mayores desembolsos en la Cuenca Austral. Mendoza y Salta, dos provincias con un potencial de hidrocarburos aún por explotar, aparecen hoy lejos de la vista de las firmas del sector, que se concentrarán en Neuquén o en Tierra del Fuego y el off shore.

En 2021 o 2022, cuando Vaca Muerta deba ya andar por la etapa de los desarrollos masivos con US$ 10.000 ó 15.000 millones anuales de inversión y Argentina ya no dependa de la importación de combustibles, los consumidores ¿pagarán la energía por lo que vale?.

El mercado local estará 100% alineado con el mundo y las arcas del Estado estarán cerca del equilibrio fiscal.

Ergo, no habrá transferencias masivas de fondos públicos ni para empresas ni para personas. Faltan 4 años, pero hay que pensar desde ahora si el sector está preparado para subsistir sin los subsidios.

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